martes, 15 de septiembre de 2009

El anarquismo como conducta.


En general, para la burguesía y los demócratas el anarquismo es sinónimo de fanatismo, cuando no de caos y violencia. Para los gobiernos autoritarios, el anarquismo es el enemigo de las sombras, irreductible, que no negocia ni transige. Para los socialismos marxistas el anarquismo es una señal de irresponsable desconocimiento de las condiciones objetivas y realistas que conducen la historia con la necesidad que se deriva de la dialéctica tal como la entendieron, o entienden, sus líderes de turno. Para todos ellos, el anarquismo es la posición que adoptan quienes, tras el escudo de sus principios, se abstienen de cualquier compromiso con las democracias electorales; quienes rechazan integrarse a los grupos institucionalizados como los partidos políticos; quienes no hacen concesiones ni siquiera a los favores gubernamentales a los que ni reconocen; quienes se niegan a aceptar posiciones en la estructura de poder o control; quienes buscan la caída de todo gobierno sea liberal o socialista, tiránico o democrático; quienes se oponen a las guerras y resisten el servir a los ejércitos; quienes se oponen a matrimonio civil o religioso así como otras formas de institucionalización ordenadora; quienes siempre están enfrentados a la acción policial y fuerzas que sostienen el orden establecido; quienes todo lo quieren hacer en forma directa rechazando la representación; quienes no aceptan ningún tipo de representación y desconocen las necesarias etapas intermedias de todo proceso revolucionario que necesariamente ha de de hacer concesiones obligadas pos la marcha de la historia. Todo esto, dicho siempre con acento peyorativo. A juicio de estos críticos, los anarquistas parecería que solo se comprometen con sus principios y con otros anarquistas y que hay en ellos una rigidez e inflexibilidad que los hace incompatibles con el resto de la sociedad organizada, hoy tan flexible, practica y maleable.
Este cuadro tiene algo de verdad y mucho de distorsión. Para entender la conducta anarquista basta tener presente uno solo de sus principios: la persona nunca debe ejercer, ni someterse, a ningún tipo de poder impuesto sobre las personas, sea de poder personal o colectivo, sea de una minoría o de una mayoría. El consiguiente corolario es que la disolución del poder depende exclusivamente del ejercicio de todos y cada uno de este principio. Bien pueda decirse que la negación del poder, de cualquier tipo es el principio de la conducta anarquista. Se trata de una actitud que también podemos resumir en las personas por encima del poder y no el poder por encima de las personas. Por eso la acción directa, por eso el rechazo a recibir limosnas denigrantes de nadie, por eso el no compromiso con gobiernos o estados ni con las instituciones que se han conformado para asegurar el poder, por eso el rechazo a la representación que no sea medida y controlada, por eso no dan cheques en blanco a nada ni a nadie, por eso la oposición radical a todo aquello que acentué las pseudo diferencias y por eso, se ha apelado, como ultimo o primer recurso, para comprar adhesiones.
Quizás se pueda aclarar el punto recordando algo de lo que hemos dicho antes. Para el anarquismo, el individuo es la base de la realidad social pero, sin la sociedad, el individuo ni siquiera puede ser. Esto hace que, a pesar de esta natural dependencia, para conformar esa realidad social se requiere del consentimiento voluntario del individuo que es lo que permite concretar libremente la cooperación necesaria para constituirla. Se trata de un consentimiento responsable, pero no de una responsabilidad para reclamarla a los otros sino para asumirla personalmente, cada uno ante si mismo. Y cualquier forma de opresión, cualquier limitación de la libertad, cualquier tipo de coerción, cualquier tipo de dominio o poder, no solo disminuye la libertad sino también nos quita responsabilidad sobre nuestras acciones y entonces ¿Cómo se puede ser uno mismo si no se es libre y responsable de lo que uno piensa, dice y hace? Y, si ni se es un mismo ¿Cómo se puede conformar una sociedad sin oposiciones ni enfrentamientos en el que otros encuentren la debilidad necesaria para imponerse? Solo individuos libres pueden hacer una sociedad libre.
Hemos mencionado el pluralismo anarquista y esto se pone en evidencia en muchas cuestiones y la conducta adoptada por los anarquistas frente a ellas. Como ejemplos citamos las referidas a la propiedad, sobre la que hay numerosas alternativas de cualidad y grado, como la propiedad privaba da, la colectiva, la corporativa, por supuesto que nunca la estatal. También hay discusiones en lo que refiere a la organización entre los anarquistas. Muchos son los anarquistas que rechazan tipo de organización formal, no por alguna razón ética ni de eficiencia sino por el temor de que, bajo un manto semántico como asociación u organización, se oculte el germen del dominio y el poder ya que de coordinador a jefe el salto puede ser imperceptible. No dejamos de incluir las divergencias en torno al tipo de acción directa que ha de preferirse, especialmente en lo que se refiere a métodos violentos.
 Alfredo D. Vallota
                                                                                                                           

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